Selva de Irati. El bosque mágico que enamoró a Hemingway

Bajo el chirimiri, cubierta de niebla, en el auge primaveral o con los colores del otoño. Cualquier momento es perfecto para experimentar la Selva de Irati

Selva de Irati. El bosque mágico que enamoró a Hemingway
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La Selva de Irati era un lugar que teníamos en mente hacía muchísimo tiempo. Demasiado… De tanto ver imágenes y reportajes en redes sociales, teníamos la sensación de que la visita ya se había producido. Para nada.

Resultaba que aún no habíamos puesto un pie en las 17000 hectáreas del segundo hayedo-abetal más importante de Europa. Y no, tampoco nos habíamos adentrado en uno de los espacios naturales más espectaculares de la geografía española. ¡Fatal!

Un buen finde de abril, decidimos ponerle solución y planificamos una escapada por buena parte de los tesoros de Navarra: Las Bardenas Reales con sus paisajes marcianos, Olite y su flamante castillo, Tudela y sus exquisita cocina y, como no, la maravillosa Selva de Irati. 😉

Ochagavía

Llegamos bien temprano a Ochagavía, una de las puertas de entrada a la Selva de Irati. No habían dado ni las 9, por lo que decidimos pasearla un poquito. ¡Qué bonita! Ochagavía es el típico pueblo de montaña rodeado de naturaleza en el que parece haberse detenido el tiempo y donde te quedarías a vivir mínimo un mes.

Selva de Irati - Ochagavía
Ochagavía

Allí donde confluyen el Río Zatoya y Anduña creando el Río Salazar, se sitúa esta localidad navarra considerada las más bonita de toda la comunidad foral. Dicen de Ochagavía que tiene la fotografía perfecta, da igual cómo esté el cielo o la luz que haya. Nosotras pudimos comprobar que así es.

Selva de Irati - Ochagavía
Ochagavía

Ochagavía es la postal del Pirineo Navarro. Calles empedradas, un viejo puente medieval, cuidadas viviendas de fachadas impolutas con empinados tejados marrones, una antigua estación patatera y, sobresaliendo elegante, la torre de su iglesia de piedra. Todo ello, fundifo en el abrazo de la exhuberante naturaleza del Valle Pirenaico de Salazar. ¡De película! 🙂

Selva de Irati - Ochagavía
Ochagavía

Esa vez estábamos de paso pero, algún día, volveríamos con más calma para disfrutarla como se merece. Nos despedimos con un “hasta luego” y pusimos rumbo a nuestro destino.

La carretera NA-2012 que lleva a la Selva de Irati nace en la propia Ochagavía. Un camino que atraviesa el Puerto de Tapla y regala unas espectaculares panorámicas tanto del valle como de la Cordillera de los Pirineos. De esas vistas que te llenan la retina y son imposibles de olvidar. Por cierto, las curvas también son espléndidas. 24 km, 45 minutos. 😉

Selva de Irati - Vistas desde la carretera de acceso
Vistas del Valle Pirinaico de Salazar
Selva de Irati - Pirineos
Vista de los Pirineos

¡Hola Selva de Irati!

Con una ilusión desbordante, propia de estar inmersas en el corazón de un lugar de la excepcionalidad de la Selva de Irati, llegamos al amplio parking habilitado del área de bievenida Casas de Irati. No sin antes, abonar la correspondiente tasa de “mejora turística y medio ambiental”. 2€ las motos, 5€ los coches y 30€ los autobuses.

Selva de Irati - Carretera
Entrando en la Selva de Irati…

Tras preguntar en la caseta de información por las rutas de senderismo que había disponibles, nos decidimos por la ruta circular SL-NA 63A Zabaletako oihaneko bide-zaharra. ¿Fácil de recordar, verdad? 😉 En castellano, Sendero del Bosque de Zabaleta.

Selva de Irati - Senda del Bosque de Zabaleta
Comienzo de la Senda del Bosque de Zabaleta

Nos comentaron que era sencilla, estaba bien señalizada, apenas tenía desnivel (250 m.) y, lo más importante, sus 8,2 km reunían una muy buena muestra de la biodiversidad y riqueza botánica de la Selva de Irati. Nos llevaría sobre dos horas y media aproximadamente. Nos pareció ¡perfecta!

Selva de Irati - Señalización
El sendero SL NA-63A está muy bien señalizado

Por supuesto, las opciones de senderismo son de lo más variopintas. Más cortas, más extensas, para pasar el día entero. Todo depende de la zona que quieras visitar y del tiempo del que dispongas. 😉

Sendero del Bosque de Zabaleta

No hizo falta recorrer muchos metros para comenzar a ensimismarnos con el paisaje tan brutalmente bonito que nos rodeaba. 

Selva de Irati
Selva de Irati

El albor primaveral estaba jugando muy bien su papel. La faceta más fresca del bosque la aportaban los diferentes tonos de verde. Clarito y radiante en las hojas de hayas y un verduzco oscuro en el cuerpo de los abetos.

Selva de Irati - Follaje de las hayas
Hojas de haya brillando con toda su fuerza

En contraste, el grisáceo de troncos y piedras, junto al marrón tierra del suelo, aportaban la nota de arraigo y personalidad. La fotogenia no nos daba respiro. Todo era fotografiable y siempre quedaba bien.

Selva de Irati - Abeto
Contraste del abeto con las hayas

No son pocas las ocasiones que se ha comparado a la Selva de Irati con un bosque de cuento de hadas. Empezamos a comprender porqué, así como a entender la pasión que Ernest Hemingway llegó a sentir por este paraíso natural.

Ernest HemingwaySiempre que me acuerdo de Irati se me ponen los pelos de punta. Recuerdo que venía justo cuando acababan las Fiestas (de San Fermín) para perderme en el bosque. Aquí, en el corazón del bosque, me quedo yo esperando a que Basajaun, el Señor del Bosque, venga a saludarme

Ese Basajaun al que hacía referencia Hemingway, no era otro que un personaje mítico capaz de hacerse pasar por un haya cuando quería no ser visto por los Laminak, unos seres mágicos con quienes compartía el bosque. ¡¿Estaría en alguna de las hayas que nos habíamos cruzado?! 😉

Con el curso del Río Irati como compañero de ruta, avanzábamos con serenidad y en silencio, en una completa simbiosis con la madre naturaleza y deteniendo nuestros pasos siempre que algo nos llamaba la atención. ¡Que era cada dos por tres! 🙂

Selva de Irati - Musgo en los troncos de los árboles
El musgo cubre buena parte de la parte baja de los árboles

Nos encantaba observar cómo el musgo vestía los troncos de los árboles a su antojo. Con lo que le gusta a esta especie invasora la humedad y la sombría, en la Selva de Irati ¡está de lujo!

El camino estaba siendo una delicia. Ocasionalmente nos encontrábamos con algún que otro senderista. Sin embargo, y para nuestro regocijo, la mayor parte del tiempo disfrutábamos de la magia de este lugar en completa soledad. Resultaba muy relajante contemplar cómo la brisa mecía las delicadas hojas que brotaban de las ramas o la manera en la que removía la hojaresca que tapizaba el suelo sin contemplaciones. 🙂 ¡La desconexión era absoluta!

Selva de Irati - Senda
Senda SL NA-63A

Agudizábamos todos nuestros sentidos en busca de algún encontronazo fortuito con la componente animal del bosque. Debían estar algo rezagados. Salvo alguna hacendosa abeja, no vimos nada de nada. Y no será por falta de ejemplares… 😉

La fauna de la Selva de Irati es de lo más variada. Entre las especies más comunes están el jabalí, el ciervo, los tejones, las ardillas, la rana, el topillo rojo o el pájaro carpintero, cuyo familiar toc-toc sí conseguíamos distinguir.

Selva de Irati - Abeja
Una abeja poliniza la flor de una Asphodelus Albus
Selva de Irati - Flora
Flora de la Selva de Iati
Ejemplar de haya de corta edad
Haya de corta edad. Aunque dado su lento crecimiento, puede tener más de 20 años

Y así llegamos al ecuador de la ruta, la Casa del Forestal. Un lugar, hoy en desuso, perfecto para hacer un alto en el camino. De hecho, un grupo de escolares estaban haciendo lo propio con sus bocatas.

Selva de Irati - Casa forestal
Casa del forestal hoy en desuso

Nos picó el gusanillo y decidimos unirnos al banquete con un tentempié. Eso sí, nosotras elegimos la tranquilidad del Embalse de Irabia – unos metros más abajo – para reponer fuerzas. 😉

Selva de Irati - Embalse de Irabia
Embalse de Irabia

El trayecto final, gran parte del cual transcurre por pista forestal, fue tan inspirador y sorprendente como el tramo que llevábamos recorrido hasta ese momento. Riachuelos, árboles que parecían crecer directamente de las piedras y hasta una raiz gigante en mitad de la carretera de un árbol talado…¡Foto!

Selva de Irati - Riachuelo
Un riachuelo por el camino
Selva de Irati - Raiz de árbol
¿Impresiona verdad?

Nuevamente en el punto de inicio, nos dimos cuenta en seguida de que ésta había sido la primera cita, pero que, con toda probabilidad, no sería la última. Así comprobaremos una de las características que hacen tan mágica la Selva de Irati, su capacidad para mostrarse completamente distinta según la estación del año. Como si se descubriera una Irati distinta cada vez.

¿Imaginas este lugar teñido de amarillos, rojizos y ocres? ¡Se nos iluminan los ojos sólo de pensarlo! Si el Hayedo de Montejo nos dejó enamoradas, la versión cobriza de su hermana mayor, debe emocionar.

¡Hasta el otoño Selva de Irati!

About Eli y Mar

Viaja siempre que puedas, descubre destinos nuevos, vuelve a aquellos que recuerdes con cariño. Recuerda que miles de culturas, estilos de vida y lugares increíbles te están esperando. ¿Para cuándo la próxima escapada?

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